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LLEGADA A SANTIAGO DE COMPOSTELA

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BELLA VENECIA

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CUZCO

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sábado, 28 de octubre de 2017

MUSEO DEL EJERCITO

El Alcázar se levanta en una de las colinas de Toledo. El edificio es símbolo de la ciudad y testigo de algunos de los acontecimientos más destacados de la Historia de España. El Alcázar ha sobrevivido a distintos avatares, entre ellos tres incendios y un largo asedio, envites que lo dejarían mermado y maltrecho. Con la llegada de los visigodos, la ciudad de Toledo se convierte en la capital de la monarquía y el Alcázar en residencia regia. Tras la conquista de la ciudad por el rey Alfonso VI (1085), la fortaleza seguirá albergando tras sus muros a muchos de los personajes claves de la Edad Media española: Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio con su escuela de traductores, etc. Evidentemente todos ellos dejarán su impronta en el edificio, unos ampliándolo, otros adecuándolo a las nuevas necesidades. Pero sin duda alguna el mayor esplendor del Alcázar se da en la época del emperador Carlos I. Ilustres e importantes arquitectos trabajaron en este histórico edificio: Francisco de Villalpando, Juan de Herrera, así como Alonso de Covarrubias, que construyó la fachada norte, y Herrera, que levantó la fachada sur. Es en esta época cuando se construye el equilibrado patio interior con columnas dóricas y corintias. Aun cuando Felipe II decide trasladar la corte a Madrid, el Alcázar continuó siendo residencia regia, ya que al monarca y a su esposa Isabel de Valois les agradaba alojarse en él. De esta época es la soberbia escalera principal, que nace en el patio interior y que el rey manda construir. Tras la muerte del último rey de la dinastía de los Austrias, Carlos II, en España se desata la guerra de Sucesión, y una de sus consecuencias será el incendio del Alcázar por parte de las tropas austriacas y portuguesas. Con la llegada de la dinastía de los Borbones al trono de España, Felipe V, intenta restaurar el Alcázar, pero la Hacienda Pública no pudo hacer frente al proyecto. En este estado de ruina permaneció el edificio hasta que en 1773 Carlos III autoriza al cardenal arzobispo de Toledo, Francisco Antonio de Lorenzana, a instalar la fábrica de sedas y telares, cuyas obras de remodelación y adaptación fueron dirigidas por Ventura Rodríguez. En 1810, durante la Guerra de la Independencia, el Alcázar es nuevamente incendiado durante la retirada de las tropas napoleónicas. Apenas quedaron en pie las fachadas, la arquería y la escalera principal. Años después, se establece la Academia de Infantería (1875), y la Academia General Militar (1882). De nuevo otro incendio afectó al edificio en 1887. Sus consecuencias serán terribles ya que se perdieron multitud de obras de arte y riquezas artísticas, aunque el edificio fue de nuevo reconstruido. Durante la Guerra Civil, el Alcázar soportó un constante asedio durante 70 días que tuvo como resultado una nueva destrucción. En la actualidad el Alcázar de Toledo acoge el Museo del Ejército, con nuevas y modernas instalaciones museográficas.





























































































































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